Córdoba recupera el esplendor de la bética con la apertura de su templo romano
Ha estado prácticamente oculto durante décadas, parapetado detrás de una valla que impedía contemplarlo en plenitud, pero Córdoba ha sacado finalmente a relucir su glorioso pasado como capital de la provincia bética con la apertura del Templo Romano, ubicado junto al Ayuntamiento

Este templo, construido a mediados del siglo I, es uno de los principales monumentos de culto imperial que existieron en la ciudad, y se trata de un edificio de mármol blanco, modelado a partir del templo dedicado al dios Apolo en el Palatino de Roma. Se trata de un santuario que formó parte, junto con una plaza intermedia y un circo, de un gran complejo arquitectónico junto a la muralla oriental de la ciudad y a la entrada en ésta de la Vía Augusta, y una "manifestación de la adhesión de la capital de la bética a la casa imperial", según el arquitecto municipal, Juan Murillo.

Murillo se siente contento. Es un apasionado de la historia, y reconoce que el pasado romano de Córdoba ha estado un poco "perdido", por "la lejanía y la falta de referentes", y por el peso que han tenido las culturas cristianas, islámica y judía en el posterior devenir de la ciudad.

Lo cierto es que, contemplando el espectacular santuario romano, es normal reconocer que su apertura ha supuesto un verdadero soplo de aire fresco a la oferta turística y patrimonial de la ciudad -ha recibido más de 13.000 visitas en menos de un mes-, y hoy ya no es raro oír hablar a los políticos locales de Córdoba como "la ciudad de las cuatro culturas".

Este semiolvido de la Córdoba romana no está justificado, al menos por la importancia que tenía ésta cuando se construyó el templo, en plena época "Julioclaudia", cuando "Corduba" era "una capital provincial muy floreciente, coincidiendo con el desarrollo de la bética vinculado a la explotación del aceite y cereal, que en buena parte era exportado a Roma", explica Murillo. Por aquel entonces, Séneca ya estaba en Roma, y la construcción del santuario no fue otra cosa que una manifestación de la pleitesía que se le rendía al imperio, algo que se plasmará algunas décadas después con Trajano y Adriano, los primeros emperadores béticos. "Este templo ha estado un poco perdido, y ahora se trata de reivindicar la romanidad de Córdoba con este icono, que es la primera fase para la puesta en valor del gran patrimonio romano", señala Murillo, quien reconoce que aún falta mucho, puesto que las actuaciones patrimoniales requieren "cierto sosiego", y más en tiempos de recorte presupuestario.

La primera fase ha consistido en la limpieza y consolidación de los restos, así como la cimentación y la instalación de paneles de señalización y el encendido nocturno de un alumbrado artístico que permite contemplar el templo a todas las horas del día. Y desde cerca, porque no sólo se ha retirado el vallado exterior -cambiado por barandilla y un panel de vidrio-, sino que se han hecho dos accesos y se han iniciado las visitas guiadas y los talleres infantiles por un templo, que hasta hace un mes sólo estaba habitado los gatos, que por cierto, no se han movido de allí. El resultado es "un regalo a los cordobeses", según Carmen Chacón, la otra arquitecta y codirectora del proyecto, que destaca que con esta actuación "se ha metido a la ciudad dentro del templo, sacando el templo a la ciudad".

Fuente: canalpatrimonio.com
 
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