Los museos se convierten en la primera atracción mundial
EE UU registró 850 millones de visitantes en 2012, más que la suma de grandes eventos deportivos y parques temáticos. por Iñaki Estebant

Se acabaron los tiempos de las salas silenciosas, del ambiente sagrado de contemplación de las obras maestras. Los museos son hoy otra cosa. En sus espacios conviven ahora niños, mayores y turistas en pantalón corto y sandalias. Países emergentes como China tienen prevista la construcción de cientos de ellos en los próximos años, y los países ricos de Oriente Medio, como Abu Dabi, quieren reinventarse acogiendo en sus desiertos a las grandes marcas museísticas como el Louvre o el Guggenheim.

La explosión mundial de los museos es imparable, incluso en un contexto económico reacio a las aventuras. Y los números de asistencia a ellos son, asimismo, explosivos: en Estados Unidos, en 2012, se registraron 850 millones de visitantes en sus 16.000 centros museísticos, una cifra de asistencia que supera a la suma de todos los que acudieron a los espectáculos de las ligas deportivas más populares -fútbol americano, béisbol, baloncesto y hockey- y los parques temáticos como los que tiene Disney en Orlando y cerca de Los Ángeles.

Antaño un lugar de estudio, conservación y presentación de obras gobernado por eruditos para aficionados exigentes, el modelo actual de museo ha pasado a ser un negocio básico para las ciudades que aspiren a ser algo en el mundo. La demanda crece imparable. En Reino Unido, más de la mitad de la población acudió al menos una vez a un museo en 2012, y en Suecia lo hicieron tres de cada cuatro. El viejo Louvre de París recibió ese año a diez millones de visitantes, que le hicieron líder una vez más, según recoge el semanario británico ´The Economist´ en un informe titulado ´Templos del placer´.

De acuerdo a un estudio de la consultoría McKinsey, las ciudades que quieran ser algo en el mapa mundial necesitan de unas infraestructuras culturales sólidas y deslumbrantes, espacios verdes y barrios multiculturales seguros, con negocios abiertos para los de casa y para los que vienen de fuera.

Son estos últimos, los turistas, los que han revolucionado el panorama museístico. Si antes se conformaban con ver monumentos e iglesias, ahora exigen una oferta más refinada y se mueven con mayor facilidad entre países. El ascenso en el nivel educativo del turista medio explica esta decantación por los centros culturales. Pero ´The Economist´ va más allá y asegura que los jóvenes ven los museos como algo «auténtico» y acuden a ellos cuando se aburren de sus habituales entretenimientos electrónicos.

El problema llega cuando se piensa en la financiación de estos ´templos´ en una época de contados recursos públicos. Las entradas no cubren ni de lejos los presupuestos. Así que a los museos no les queda más remedio que buscar financiación privada o vender sus servicios. El museo Gemäldegalerie de Berlín ha prestado sus dos cuadros de Vermeer a instituciones japonesas por un montante de un millón de euros. El Picasso de París obtuvo 30 de los 50 millones que necesitaban para renovar su sede moviendo sus fondos. El Van Gogh de Amsterdam tiene una lista inasumible de peticiones, todas muy bien remuneradas. Y el British Museum de Londres cobrará unos doce millones al año por asesorar al futuro museo nacional de Abu Dabi.

Desde el éxito del Guggenheim Bilbao, decenas de ciudades y países enteros aspiran a ser alguien en el negocio del arte. Antes, en los años ochenta, la brasileña Belo Horizonte ya se convirtió en una referencia para la creación contemporánea cuando el magnate de las minas Bernardo Paz pagó de su bolsillo un museo de esculturas al aire libre de dos mil hectáreas con cientos de obras, algunas creadas para ese sitio. Ahora la ciudad está preparando un segundo centro artístico.

El próximo año se abrirá en Kiev, capital de Ucrania, el museo más grande de Europa, con 50.000 metros cuadrados para exposiciones. Se sabe que la muestra inaugural estará dedicada a Kazimir Malevich, el padre del constructivismo, pero se desconocen los planes futuros para llenar semejante espacio. Este déficit de obra ya lo sufre el nuevo museo de la ciudad de Ordos, en Mongolia. Construido en un área rica gracias a los descubrimientos de petróleo y de gas, sus monumentales salas permanecen casi vacías, de piezas artísticas y de visitantes.

Pero en la vecina China, el ´boom´ continúa a un ritmo endiablado. Según el plan ideado por las autoridades comunistas, las mismas que mantienen bajo arresto domiciliario a Ai Weiwei, el país debería llegar a los 3.500 museos en 2015. Se han quedado cortos. Sólo el año pasado se abrieron 451 y la cifra asciende ya a los 3.866. Las obras de arte pueden abordar cualquier tema, excepto el Dalai Lama, la revuelta de Tiananmen, las alusiones a los líderes nacionales y la exposición de las partes pudendas.

Fuente: Hoy.es
 
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