Un plan secreto consigue devolver el `espíritu´ a la tribu Hopi
La Fundación Annenberg ayuda a los nativos a repatriar 24 piezas consideradas sagradas gracias a una puja encubierta. Por Carolina García

Veinticuatro piezas consideradas sagradas, pertenecientes a la tribu amerindia de los Hopis, y tres a la de los Apaches San Carlos —tribu asentada al este de Arizona y noroeste de México— se han visto inmersas en una operación rocambolesca encabezada por la Fundación Annenberg, en una historia con final feliz. Estos objetos representan el espíritu de los ancestros Hopis —una de las poblaciones más antiguas de Estados Unidos asentada en la meseta central del país, y de 10.000 habitantes de los que la mayoría vive en Arizona—. Hechos de madera, cuero, pelo de caballo y plumas, y pintados en tonos rojos, amarillos, azules y naranjas, no pueden ser guardados en vitrinas, "ya que sofocan a los espíritus", según sus creencias. Aunque se desconoce lo que hará la tribu con las piezas recuperadas, parece poco probable que sean catalogadas como objetos de arte y que terminen en un museo.

En medio de un conflicto judicial en Francia, las máscaras debían ser subastadas el pasado 9 de diciembre en París, después de que varios miembros de la tribu Hopi perdieran el juicio en el que intentaban recuperar las piezas ante los tribunales de ese país, informaba esta semana The New York Times. Tras la sentencia, el vicepresidente de la Fundación Annenberg, Gregory Annenberg Weingarten, que vive en la capital francesa, ya se había acercado a la casa de subastas para ver los objetos, que tienen más de un siglo de antigüedad. "Pensé que no eran piezas para que uno las tenga encima de la chimenea. Son sagradas para muchas tribus, no pertenecen ni a casas de subastas ni a coleccionistas", explicaba Weingarten en el diario.

Con esta filosofía, la fundación —que se dedica a proyectos cívicos y comunitarios— decidió, en la sombra y en el más absoluto secreto, destinar un presupuesto de entre medio millón y un millón de dólares para recuperar los 27 objetos a debate, una vez tasados, y demostrada su autenticidad, y así "devolver el espíritu de las máscaras a dónde pertenecían". La organización, asentada en California y fundada por Walter. H. Annenberg, publicista, filántropo y diplomático, nunca antes se había visto inmersa en una operación de estas características; de repatriación de objetos sagrados.

La casa de subastas EVE fue la encargada del evento que incluía muchos objetos procedentes de tribus americanas, además de los anteriormente mencionados, que han pertenecido durante años a coleccionistas franceses. El pasado abril, ya se habían vendido otros 70 objetos Hopis a un alto precio, pese al enfado y a la batalla judicial que estos llevan encabezando desde hace meses. En esta ocasión, la mayoría de las piezas eran cepillos de pelo Katsinam. Estos objetos son los más buscados por los coleccionistas y datan del año 1325. Se siguen usando en las ceremonias y cuando estas acaban, se suelen dejar en la naturaleza para que se desintegren.

"La decisión de la fundación de ayudarles fue como un momento de fe para nosotros. Cualquier fundación no haría algo así, en plan clandestino, en plena noche", añadió Leonard Aube, su director ejecutivo. París y Los Ángeles tienen una diferencia horaria de nueve horas.

El plan, calculado al milímetro, consistía en que dos miembros del equipo de la organización estarían en California, y pujarían por los objetos vía telefónica. Mientras, el abogado de los Hopis, Pierre Servan-Schreider, estaría como ojeador en la sala de subastas. Servan-Schreider, además, estaría apoyado en todo momento por Philip Breeden, miembro del departamento de cultura de la embajada de EE. UU. en Francia, quien mantenía contacto telefónico directo con la fundación.

"Fue intenso, como una película", explicó Servan-Schreider. "Sabía que todo se estropearía si la casa de subastas se enteraba de lo que estábamos haciendo. Iban a subir los precios", añadió el letrado. En un momento, en plena puja, el dueño de la casa de subastas EVE, Alain Leroy, se dio cuenta de que la subasta de estos 27 objetos estaba muy activa y le dijo a un empleado que se mantuviera atento, pero el episodio no llegó a más.

Adicionalmente, la organización creó una base de datos en Internet para asegurarse de no equivocarse con los objetos por los que había que pujar. Varios Hopis también siguieron la subasta por la Red, ajenos a lo que estaba ocurriendo. Incluso algunos perdieron la esperanza.

La fundación tuvo un éxito notable en la puja, que no duró más de una hora y que en total generó 1, 6 millones de dólares. La organización consiguió adquirir 24 de los 27 objetos, es decir, todos menos tres máscaras tribales, incluidos los tres de los Apaches, por un valor de 530.695 dólares. Uno de estos tres objetos Hopi fue adquirido por el letrado para una pareja que se lo quería regalar a la tribu de Arizona. "Cuando llegó el momento de pujar por él avisé a la fundación para que no compitiéramos unos contra otros", explicó Servan-Schreiber a The New York Times.

Los otros dos se perdieron por falta de comunicación, según indicaron. El objeto más caro de todos fue un tocado que llegó al valor de 130.000 dólares. Los Hopis, ajenos a la operación, recibieron las buenas noticias cuando la Fundación Annenberg les informó por correo electrónico. "Ha sido un resultado fenomenal para los Hopis, aunque no sé si puedo decir lo mismo para los coleccionistas", señaló Leroy al final de la subasta.

Fuente: elpais.com
 
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