El Paular exhibe su historia
El monasterio mevieval aspira a convertirse en foco cultural del Parque de Guadarrama tras 25 años de reconstrucción artística. Una exposición saca brillo al conjunto. Por Rafael Fraguas

El monasterio de El Paular, enclave medieval que domina el valle del Lozoya, cuenta la historia de su asombrosa recuperación monumental en una exposición inaugurada ayer. Permanecerá abierta hasta diciembre de 2014. José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura; Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado; y Miguel Muñoz, anfitrión y prior benedictino, presidieron el acto de apertura, junto con los dos comisarios de la muestra: el arquitecto Eduardo Barceló, restaurador del complejo monacal, y Leticia Ruiz, responsable de pintura española del Renacimiento en el Prado.

Leticia Ruiz ha culminado la recuperación para el monasterio y la restauración de los 53 óleos de gran formato y trasunto monacal pintados por Vicenzo Carduccio en 1626. Los cuadros, desde la desamortización de los bienes de manos muertas de la Iglesia católica, promovida por el ministro liberal Juan Álvarez Mendizábal en 1836, permanecieron primero en un museo filial del Prado y luego dispersos por una decena de ciudades españolas: A Coruña, Córdoba, Sevilla, Zamora, San Sebastián y Tortosa, entre otras. El Museo del la Trinidad, filial de la gran pinacoteca madrileña, deshizo en 1872 tan importante ajuar artístico, que quedó esparcido por distintos museos españoles.

Siglo y medio después, el Prado pudo reagruparlo y acometer la casi titánica tarea de restaurar cada uno de los cuadros de la colección, a excepción de dos, que se perdieron en la ciudad tortosina.

La colección compone uno de los conjuntos de pintura barroca y de historia más singulares de Europa. Con pinturas de gran formato rematadas en arcos y hoy encastradas secuenciadamente en el claustro mayor del monasterio para el que fueron pintadas, describe la trayectoria de la orden de los cartujos, fundada por San Bruno de Colonia en el año de 1086.

La casa matriz cartuja fue instalada entonces en un paraje semejante al cenobio de El Paular, en el valle de La Chartreuse, que da nombre a la silenciosa orden monástica, cuya historia fue inmortalizada por el pintor, llegado a España con un hermano suyo para participar en la gran obra del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Los cuadros fueron pintados por Carduccio durante seis años en su estudio madrileño cercano a la calle de Atocha, no lejos de la sede cartuja que la orden religiosa monástica poseía en la calle de Alcalá, a la altura del actual Círculo de Bellas Artes.

La exposición, que ocupa una amplia estancia contigua al clautro decorado con los carduccios, incluye tres valiosas colecciones de modelos, estampas y grabados autógrafos del autor florentino, que Leticia Ruiz encomia. Una de ellas procede de Cudillero, de la Fundación Selgas Fagalde, mientras las otras dos acceden desde lugares como la Biblioteca Nacional de España, la galería de los Uffizzi o colecciones privadas de Zaragoza.

La muestra consta de media docena de salas integradas en una estancia de dos alturas y alto techo, con pasarela aérea, que forma asimismo parte de la recuperación monumental descrita y culminada por los arquitectos Eduardo Barceló, Mercedes Álvarez e Ignacio Barceló, más los aparejadores Javier Moralo, Lorena Tejedor, Jaime Muñoz y Federico Prieto.

En las salas se expone detalladamente el relato de cuantas actuaciones se han acometido a lo largo de los últimos 25 años, en las cuales ha fraguado una colaboración interinstitucional muy poco habitual: desde el Estado, a través del Ministerio de Cultura, el museo del Prado y el Instituto de Patrimonio Cultural Español; desde la Administración regional, por la Comunidad de Madrid; por la esfera local, el Ayuntamiento de Rascafría; y desde la sociedad civil, la Asociación de Amigos de El Paular; todas estas entidades, junto con la comunidad religiosa benedictina, han conseguido culminar la mayor parte de los objetivos de un Plan Director Integral trazado por Eduardo Barceló en 1996, que ha puesto arquitectónicamente a salvo un patrimonio histórico-artístico de extraordinaria valía para el patrimonio madrileño.

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Fuente: elpais.com
 
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